Harry Potter y el legado maldito

La verdad es que no recuerdo cuántos años hace que se publicó la última novela de la saga de Harry Potter, pero entonces yo la estaba esperando como agua de mayo. Lo que me sucedió con estos libros se puede describir como curioso: comencé a leerlos con mucho escepticismo y, a medida que se publicaban más y el protagonista crecía, me convertí en una incondicional. Bajo mi punto de vista, a partir del cuarto libro (Harry Potter y el cáliz de fuego) las novelas del mago más famoso del mundo dejan de ser infantiles y comienzan a ofrecer problemáticas y tomas de decisiones más propias de adultos que de adolescentes. No sé si fue por eso por lo que me gustaron, o porque la autora consiguió crear personajes perfectamente perfilados, o porque alguno de ellos incluso me enamoró. Ese fue el profesor Severus Snape, en quien yo siempre tuve fe y que me pareció el personaje más interesante de toda la saga.

Pero no estoy aquí para hacer apología de unas novelas que sé que tienen tantos seguidores como detractores. Sencillamente, a mí me gustaron, me entretuvieron y los leí con mucho placer. No sé si eso me convierte en una lectora simplona, y lo cierto es que no me importa demasiado. Supongo que cada uno tiene sus gustos y también sus disgustos.

Pues bien, el último volumen de la saga, el que nos ocupa, no me ha producido ni una cosa ni otra, esto es, ni gusto ni disgusto. Me ha dejado bastante indiferente y creo que termina siendo un ejercicio de nostalgia para todos aquellos que hace algún tiempo leímos los siete primeros libros. Por supuesto que es genial volver a encontrarse con los personajes con los que has compartido horas y horas, tardes y desvelos, pero no podemos olvidar que la nueva historia comienza justo donde terminó Harry Potter y las reliquias de la muerte: diecinueve años después de la gran batalla de Hogwarts. Los tres protagonistas ahora tienen cuarenta años, son padres, tienen puestos de responsabilidad en la administración y viven en las afueras. Es decir, que no son los mismos que conocimos entonces, aunque conservan mucho de lo que fueron. Y no les queda otra, teniendo en cuenta cómo se desarrollan los acontecimientos.

Pero antes de desvelar, brevemente, como siempre, el argumento de esta nueva aventura, quiero centrarme en la forma. Para quien a estas alturas todavía no lo sepa, Harry Potter y el legado maldito es una obra de teatro. Ya expliqué en la entrada de En tierras inglesas que ahora mismo se está representando en Londres y, lo cierto, es que me arrepiento mucho de no haberla visto. Por pura curiosidad, porque me interesa mucho saber cómo van a plasmar en el escenario las acotaciones imposibles que aparecen en el libro. Son indicaciones más propias de un musical de Broadway que de una obra de teatro. A medida que iba leyendo me parecía, cuando menos muy complicado, que aquello se pudiera trasladar a las tablas: dementores que vuelan sobre las butacas y provocan frío en la sala, escenarios inconcretos, difusos, en los que en cuestión de segundos cambian el tiempo y el espacio o visiones del futuro y del pasado en la mente de los personajes. En fin, que creo que hay que ser mago de verdad para poder llevarlo a cabo. Pero dificultades logísticas aparte, si olvidamos que se ha escrito para representarse, la historia consiste en lo siguiente: el segundo hijo de Harry, llamado Albus Severus, comienza su andadura en el colegio de magia y hechicería y parece llevar el peso del mundo sobre sus hombros. Aunque no es exactamente el peso del mundo sino el de la leyenda de su padre, porque ser el hijo del mayor héroe del mundo mágico resulta muy complicado. Cree que todos esperan de él que sea igual que su padre y, a pesar de que comparten muchas más cosas de las que ambos piensan, Albus está convencido de que ha decepcionado a todo el mundo, y al mismo tiempo su padre lo ha decepcionado a él. Esta situación de poco entendimiento paterno-filial provoca que los acontecimientos de precipiten hacia un abismo en el que los viejos malvados regresan a un presente cambiante que amenaza con destrozar la vida tal y como los personajes la conocen. No quiero dar demasiados detalles para mantener la intriga, tan sólo apuntaré que la entrada en la historia de un giratiempo genera el comienzo de los problemas.

Vamos a encontrar a los personajes de siempre, pero también algunos nuevos, como el hijo de Draco, que será fundamental en el desarrollo de la obra.

Por lo que yo había leído sobre el libro, el protagonista parecía ser Albus, pero sólo lo parece, porque Harry Potter es mucho Harry.

Para ir terminando, ¿lo recomiendo? Supongo que sí. Si te gusta la saga, si tienes ganas de más, si haces concesiones a las acotaciones y estás dispuesto a admitir que el tiempo pasa para todos.

Por cierto, la autora no es J. K. Rowling: la historia está basada en una idea suya pero quienes han escrito la obra de teatro son John Tiffany y Jack Thorne. HarryPotter y el legado maldito_135X220_SobreCover

Harry Potter y el legado maldito 

J. K. Rowling, John Tiffany, Jack Thorne

Ediciones Salamandra

336 páginas

4 comentarios en “Harry Potter y el legado maldito

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