La tabla de Flandes, Arturo Pérez-Reverte

Segunda sesión del club de lectura con mis alumnos del año pasado y primera dentro de la normalidad. Igual conviene empezar por el principio: el curso pasado di clases de Lengua y Literatura en el Instituto de Villamayor, un pueblo situado a escasos diez minutos de Salamanca. Lo que comenzaron siendo tan sólo unas clases a dos grupos de adolescentes acabó convirtiéndose en la experiencia profesional más maravillosa que he vivido: ir a trabajar era un auténtico placer, con la Gramática empezaron a aprender y con la Literatura todos logramos disfrutar. Me preguntaban por todo, los cincuenta minutos se me pasaban volando y casi me parecía un regalo lo de cobrar a fin de mes porque yo hubiese seguido yendo gratis. Lograron que me reconciliara con mi profesión, me hicieron creer que ser profesora es lo que mejor se me da y me sorprendieron con el cumpleaños más emocionante de mi vida. Cuando llegó junio y todo eso acabó decidí formar un pequeño club de lectura con los que quisieran acompañarme y aquí estamos, ocho de ellos se apuntaron a la aventura y cada dos semanas nos reunimos y hablamos del libro de la quincena.

Nuestra primera sesión, la anterior, fue bastante especial: Victoria Álvarez, la autora del libro elegido, vino a visitarnos y todos los miembros del club se vistieron para la ocasión. Recrearon la atmósfera victoriana de sus libros, todo se llenó de velas y encaje y bebimos té mientras escuchábamos embobados a nuestra invitada. Supongo que superar eso era imposible pero teníamos que seguir, así que les di el siguiente libro: La tabla de Flandes, de Arturo Pérez-Reverte. Ellos ya sabían que es uno de los autores que más he leído, no en vano me han escuchado durante todo un curso en clase y esperaba que el libro les gustara.

La elección no fue al azar, yo lo leí cuando tenía más o menos la edad que tienen ellos ahora y, sinceramente, me entusiasmó. Me recuerdo a mí misma entonces, con esas ganas de devorarlo todo y con un libro cuyo protagonista era un cuadro. Qué más se podía pedir. Sólo quedaba esperar a ver qué me contaban ellos ayer.

Para quien no lo haya leído ahí va un pequeño resumen del argumento de la novela: Julia es una joven restauradora de arte que recibe un encargo sobre la tabla flamenca titulada La partida de ajedrez. Todo parece normal hasta que descubre que el cuadro contiene una inscripción que durante siglos ha permanecido oculta: Quis necavit equitem? ¿Quién mató al caballero? Julia acude a un experto en la materia, su antiguo profesor y ex-amante, Álvaro, con el que mantuvo una relación de la que todavía no se ha curado. A Julia la acompañan en esta historia su amiga Menchu, que se dedica a la compra y venta de arte y cuyo concepto de la vida consiste en disfrutar cuanto más mejor; César, un hombre que ha sido como un padre para Julia y que la protegerá a toda costa y Muñoz, un ajedrecista muy particular.

Es Álvaro quien le cuenta a Julia quiénes son los personajes que aparecen en el cuadro y también que uno de ellos está muerto cuando Van Huys pinta la obra. Parece que la clave de todo está en la partida de ajedrez que ambos caballeros están jugando y decide contratar a un ajedrecista experto que sea capaz de “deshacer” las jugadas: puede que así desvelen el enigma. Pronto el misterio artístico se vuelve dramático ya que comienzan a sucederse los asesinatos.

No creo que sea necesario contar nada más porque con este comienzo es prácticamente imposible dejar de leer. Misterio, obras de arte, ajedrez, asesinatos y un final sorprendente. A mí me fascinó con dieciséis años, veamos qué les pareció a los integrantes del club.

No todos se lo terminaron: las lecturas obligatorias de clase y los exámenes que han tenido en las últimas dos semanas no les han dejado mucho tiempo pero hubo quien lo acabó y lo disfrutó tanto o más que yo en su momento. Creo que era la primera vez que leían una obra de este autor y yo, sin quererlo, había puesto las expectativas por las nubes. No defraudó. Les sorprendió el modo en que las descripciones eran capaces de crear fácilmente imágenes en su mente, imágenes que perduran; el ritmo de la novela que, aunque no es frenético, tampoco da descanso. Les gustaron los personajes, muy bien perfilados, con sus vicios y virtudes, “humanos”, como me dijeron. A algunos Muñoz, el ajedrecista, les encantó y otros opinan que habría que sacudirle de los hombros para que reaccionara ante la vida. En lo que sí estuvieron de acuerdo fue en que los personajes femeninos les daban mil vueltas a los masculinos, son más fuertes, más vivas, más enteras y más duras. Eso nos llevó a establecer un pequeño debate acerca de las acusaciones de machismo que ha recibido el autor en los últimos años y Marta, una de las integrantes del club, opinaba que alguien que escribe así de la mujer no puede ser machista.

La sesión dio mucho de sí: hablamos de las distintas ediciones de la misma novela que tenía cada uno entre sus manos (los lotes son de varias bibliotecas municipales y las ediciones son muy diferentes) y, como lectores voraces, dieron su opinión sobre la importancia de una buena edición para el éxito del libro. Nos dimos cuenta que de un tiempo a esta parte las editoriales encargadas de libros juveniles le han dado mucho protagonismo a las portadas, a las ilustraciones y al material relacionado con la novela; han sabido encontrar en las redes sociales a sus seguidores y se están encargando de mimarlos.

En definitiva, la novela gustó mucho, la sesión se nos hizo corta y las ganas de que llegue la siguiente se han apoderado de nosotros. No creo que muchos profesores de Literatura tengan mi suerte: mis alumnos del curso pasado se reúnen conmigo para hablar de libros, sin recompensa numérica, sin que les suban la nota. Lo hacen porque les gusta y eso es absolutamente maravilloso.

La tabla de Flandes La tabla de Flandes

Arturo Pérez-Reverte

416 páginas

Editorial Alfaguara

11 comentarios en “La tabla de Flandes, Arturo Pérez-Reverte

  1. Que gran iniciativa; yo no sabría decir porque pero aun guardo muy buenos recuerdos de mi profesor de Lengua y Literatura de primero de Bachillerato, se llamaba José Antonio Ponte Far, y además de ejercer la docencia, era conocido por escribir en la sección cultural del periódico La Voz de Galicia, además de ser todo un experto en el escritor Torrente Basllester y por si no fuera poco también ha publicado varios libros, en definitiva una persona especial.
    Saludos!

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    1. Muchas gracias por pasarte por el blog. La verdad es que haberme encontrado con este grupo ha sido un auténtico regalo: son entusiastas, alegres, soñadores y muy generosos. Los echo mucho de menos en clase pero con el club de lectura hemos encontrado la excusa perfecta para seguir compartiendo libros.

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  2. Me encanta tu estusiasmo al redactar la reseña y también que compartas tu experiencia con adolescentes lectores. Aunque han pasado muchos años, me siento identificada con esos chicos que disfrutan de la lectura. No recuerdo cuando leí La tabla de Flandes, ya no era adolescente, pero el recuerdo que tengo de el es que me gustó como estaba enlazada la historia. Espero el siguiente libro.

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  3. Hola,el libro me sonaba pero nunca me había parado a leer el argumento y tengo que decir que tiene todo lo que me gusta en un libro: historia,misterios y asesinatos.Creo que lo voy a incluir dentro de la lista de libros pendientes que tengo. Ahora voy a empezar “origen” de Dan Brown

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