La tragedia del girasol, Benito Olmo

Quien alguna vez dijo aquello de que “segundas partes nunca fueron buenas” estaba completamente equivocado. Y la prueba es esta novela: La tragedia del girasol. Ya he comentado en más de una ocasión que la novela negra española está de enhorabuena: los amantes del género podemos disfrutar de multitud de historias acompañadas de gran calidad literaria. Porque, que nadie se engañe, que una novela sea entretenida no es incompatible con una redacción exquisita, que todo gire en torno al crimen no quiere decir que no se pueda disfrutar del estilo. Y Benito Olmo tiene todo eso.

Hace unos meses me topé por casualidad con La maniobra de la tortuga, una novela ambientada en Cádiz, con un asesinato, un inspector de policía que no hacía caso a nadie, que actuaba a contrarreloj, sin ayuda, con su instinto. El viento de levante no dejaba de soplar en ninguna de sus páginas y, en medio de todos esos ingredientes, apareció también la violencia de género. La trama estaba perfectamente construida, sin fisuras, y la prosa era precisa, directa y potente. Supuso para mí toda una sorpresa, porque hacía tiempo que no me encontraba con una novela negra pura, canónica, que me hubiese gustado tanto. El mes pasado se publicó la segunda parte y la devoré: tan sólo me duró un asalto, sus casi 400 páginas las leí del tirón y se me hicieron cortas. Precisamente por lo que comentaba al comienzo de esta reseña: la historia te atrapa, pero el estilo aún más. Intentaré no desvelar nada, o casi nada de la primera novela, hay algunos datos que necesito incluir, aunque sin aclarar el misterio.

Empecemos por La maniobra de la tortuga: Manuel Bianquetti (quedaos con este nombre) es un inspector de policía un tanto peculiar. Destinado a la ciudad de Cádiz, allí está cumpliendo su particular condena por comportamientos del pasado. Es solitario, inteligente, intuitivo, resolutivo y muy bueno en su trabajo. Quizá otra buena característica sería que pudiera pasar desapercibido, pero eso resulta prácticamente imposible: sus casi dos metros de altura lo acompañan allá donde vaya. En esta primera novela descubriremos a un personaje que se convierte en persona a medida que se avanza en la lectura: es rudo, brusco, malhablado, vive en un continuo enfado con el mundo y es poco sociable, pero también consecuente, honesto, y con un alto sentido de la justicia, que no siempre tiene que coincidir con lo que dicta la ley.

En La tragedia del girasol Bianquetti está suspendido de empleo y sueldo durante una temporada por lo que ha sucedido en la anterior novela (leedla). Pero los gastos mensuales no perdonan y decide ganarse la vida como detective privado mientras dure la suspensión, aunque sin demasiado éxito. Un compañero de la comisaría le avisa de la inminente visita a Cádiz de Carlos Ferraro, un importante empresario que necesita aumentar su cuerpo de seguridad. En un principio la oferta de empleo no le convence demasiado, pero sus circunstancias económicas no le dejan muchas opciones y, finalmente, cede. El problema es que Bianquetti no acepta órdenes con demasiada facilidad y desde el primer momento se enfrenta a los escoltas del empresario. Acompañarlo a una reunión de negocios, a un partido de fútbol y al hotel va a ser su cometido.

A pesar de que parece un trabajo sencillo y un dinero fácil, las cosas nunca resultan como se planean. Carlos Ferraro llega a Cádiz acompañado de su nuera, una mujer que no pasa desapercibida, ni por su belleza ni por su personalidad. Las complicaciones aparecen al mismo tiempo que el primer asesinato, al que a los pocos minutos le sigue otro, y Bianquetti se ve envuelto, sin saber muy bien cómo, en una espiral de muertes que le tocan más cerca de lo que nunca hubiese imaginado. Quizá es necesario añadir que es especialista en meterse en problemas. A esta trama principal se le añaden las subtramas que, a medida que va avanzando la novela, confluyen con mucha precisión: no hay cabos sueltos, ni olvidos del autor. Lo que comienza siendo un modo sencillo de ganar dinero acaba con la vida del protagonista en peligro constante, familias enfrentadas, tráfico de drogas a gran escala en el puerto de Cádiz, venganzas, rupturas, desilusiones y giros de guion.

Podría parecer que tiene todos los ingredientes de cualquier novela negra, pero no es cualquier novela negra: el protagonista está perfectamente definido y se ha convertido en uno de mis favoritos. Y no sólo él: el autor no pasa de puntillas por la personalidad de los personajes, sabe presentarlos en el momento y de la forma precisa y hace que ellos representen su papel, todos tienen vida y son absolutamente redondos. Sorprenden al lector al mismo tiempo que al protagonista y la historia no da tregua. Insisto, son casi 400 páginas que se devoran, y se sufre con Bianquetti como con pocos.

Al margen del tema principal, que en cada novela es absolutamente diferente (otro gran acierto), el autor aprovecha las subtramas para mostrar parte de la realidad social más dura que vive nuestro país: la violencia de género, la pobreza, la soledad, la prostitución o el abismo de las drogas. Realmente el tejido de las dos novelas es tan perfecto que estas subtramas se convierte en temas principales a medida que las páginas pasan: es la violencia de género la que lleva a Bianquetti a Cádiz y es esa misma violencia la que le hace quedarse. Y no desvelo más.

Otro factor importante es el escenario: no voy a caer en el tópico de afirmar que la ciudad es un personaje más de la novela, pero sí que es cierto que Benito Olmo nos lleva y nos trae por sus calles, como buen conocedor de Cádiz que es. Si alguien espera encontrar un clima veraniego, playas y palmeras que se olvide: la ciudad es hostil, la lluvia no cesa y el frío se mete en los huesos de quien está leyendo. Y lo logra sin que el lector se dé cuenta.

Su estilo es directo, sencillo, sin alambicamientos ni retorcimientos innecesarios del lenguaje. Las novelas de Benito Olmo son como su protagonista: sin dobleces, honestas, nobles e inteligentes. Y que nadie pierda de vista los títulos ya que ambos son, más que una metáfora de lo que sucede o de algún personaje, un auténtica alegoría. En fin, que son imprescindibles y que me alegro de que Bianquetti haya llegado para quedarse.

Por cierto, el autor estará el próximo sábado 2 de junio en la Feria del Libro de Madrid. A mí esa fecha me pilla en el sur: estaré en Sevilla todo el fin de semana. Los que podáis, id a verlo, que os firme sus novelas, y preguntadle por Bianquetti, decidle que le mando recuerdos.

La tragedia del girasol La tragedia del girasol

Benito Olmo

396 páginas

Suma de Letras

Gracias al autor por el ejemplar de la novela.

5 comentarios en “La tragedia del girasol, Benito Olmo

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