La ciudad de la lluvia, Alfonso del Río

Hoy os traigo la reseña de una novela que leí hace unos meses. Es una historia llena de historias, en la que confieso que me costó mucho entrar. Pero lo cierto es que, una vez finalizada, me gustó, aunque no me entusiasmó. Ya sabéis que cuando comencé el blog dije que siempre sería muy sincera con las reseñas de los libros: no sirve de nada mentir o recomendar una novela que no te ha gustado. Creo que cuando me encantan y me dejan huella se me nota, y cuando no, también. Esta vez es una del segundo grupo. Yo os cuento el argumento y mis impresiones y después decidís.

Empecemos por el principio, aunque en esta ocasión es un poco más complicado que de costumbre, hay muchos saltos en el tiempo y el espacio, también en la narración, incluso en la tipografía, varias historias discurren de modo paralelo, en el presente de la propia novela (que son los años ochenta) y también en su pasado (comienzo de los años cuarenta). En fin, que la estructura es compleja, y hace falta avanzar en la historia para ubicarse con claridad. Y los protagonistas son varios, en ambas épocas. Vayamos por partes.

Uno de los espacios de esta novela es el Bilbao de los años ochenta, y uno de los personajes principales es Alain Lara, un joven y prometedor futbolista que vive con su abuelo, por el que ha sido criado. Alain es responsable, cauto, callado y muy bueno en su trabajo, de hecho es de los mejores, y el lector lo conoce cuando lo ficha el Athletic: parece un sueño hecho realidad para abuelo y nieto. Todo parece ir sobre ruedas pero el abuelo de Alain se ve obligado a morir. Habéis leído bien, cede a un chantaje macabro por evitar males mayores. El misterio aumenta cuando Alain descubre una vieja fotografía tomada a principios de los años cuarenta en Berlín en la que aparece su abuelo junto a otros dos hombres y un niño, y su abuelo no es el único de la foto que ha desparecido. En un intento por saber qué ha ocurrido el joven futbolista contacta con María Aberasturi, una abogada que hace tiempo que no reside en Bilbao, hija de Ignacio Aberasturi, empresario de éxito y actual candidato a la presidencia del Banco del Norte. Aunque lo de “actual” resulta muy efímero: Ignacio también estaba en la foto, y también ha muerto de un modo aparentemente accidental. El último personaje que completa el mosaico de esta época es David Schaffer, cuya narración aparece en la novela en capítulos escritos en forma de diario y con tipografía propia de máquina de escribir, diferente a la del resto de la historia. Su aparición y vicisitudes suponen todo un misterio en esta vorágine ya oscura y enrevesada de por sí.

Por otro lado, y alternando los capítulos, asistimos al Berlín de 1941, donde un hombre identificado como El extranjeros se acerca a los nazis con el fin de venderles “Enigma”, un sistema de encriptado que supera al que usan en esos momentos. Sus idas y venidas se entremezclan con las apariciones de otros personajes, los cuales habremos de ir ubicando en el futuro del que ya hemos leído, como si de una compleja partida de ajedrez se tratara, en la que todos parecen peones de alguien con tanto poder que es capaz de ordenar suicidios que se llevan a cabo.

Hasta aquí el argumento, el resto hay que ir descubriéndolo y encajándolo, y no es fácil. Quizá por este motivo la novela no me ha entusiasmado: una buena historia de misterio no necesita ser tan enrevesada para funcionar. Bajo mi punto de vista hay exceso de tramas y subtramas, el lector ha de tener mucha paciencia hasta que todo comienza a cobrar sentido, y en el camino puede perderse o abandonar la historia.

La ambientación resulta en ocasiones tediosa: los protagonistas se mueven entre el mundo del fútbol y el de la abogacía y los tecnicismos de este último sector pueden resultar excesivos para un profano en la materia. Me encanta leer para aprender, meterme en mundos que son ajenos para mí, pero las descripciones de los subterfugios del derecho han podido conmigo en algunos momentos.

Es cierto que en la segunda parte la novela avanza de un modo más natural, sin tanta digresión como hay el principio, pero supongo que resulta inevitable: es necesario presentar a varios personajes en situaciones, tiempos y momentos muy diversos, y a veces, en mi humilde opinión, menos es más.

En definitiva, una historia que más que una novela es un puzle, con un misterio prometedor que se va diluyendo por el camino, bien finalizada pero quizá, y sólo quizá, marcada por algunos excesos.

La ciudad de la lluvia La ciudad de la lluvia

Alfonso del Río

624 páginas

Ediciones Destino

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