Encuentro con Alejandro Palomas

No queda sino leer victorianaEs la segunda vez que lo veo y en el mismo entorno, en la librería Letras Corsarias de Salamanca. Dice que le gusta mucho, que el azul de las paredes le transmite buenas vibraciones y que la ciudad, castellana y rara, también le gusta: tanta monumentalidad se mezcla con gente que no para de ir y venir, siempre hay movimiento y parece que lo percibe en cuanto se baja del tren.

Antes de comenzar la presentación atiende pacientemente a todos lo que se le acercan y ya firma los primeros libros, con calma, pensando muy bien lo que va a dedicar a cada uno: nada de un “para ti, de tu amigo”, sino un texto, personal y personalizado. Se agradece mucho.

Viene para presentar su nueva novela, Un perro, y lo primero que hace es asegurarse de que todos podamos verlo bien, así que decide cambiar el sofá por un taburete. Alejandro Palomas dice que es difícil entrevistarle porque es poco obediente pero, disciplinas aparte, solo necesita que le digan una palabra para abrir su corazón y contarlo todo, sin complejos, sin vergüenza, como si estuviera rodeado de amigos. Afirma que en esta novela regresan todos los personajes de Una madre porque en realidad nunca se fueron y porque no quiere que se marchen: por suerte para todos los que le leemos parece que Amalia todavía tiene mucho que decir.

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